Cuento de mañana
Clara corre descalza por el parque, pisa el césped húmedo y fresco, lleno de vida y color. Marcos la persigue en su afán de tumbarla y besarla, pero ella no se rinde y le huye como si fuera una presa selvática. Sus cabellos rojizos y sus ojos miel, contrastan con un color de piel canela producto de esas camas solares que abundan en las grandes ciudades. Su ropa flota y se mueve con el viento. La organza de su vestido es del color de la noche, con destellos de brillo. Marcos la alcanza y la tumba en un espacio que se han reservado exclusivamente para ellos. Los rayos del sol tropiezan las ramas y hojas de los árboles que cubren gran parte del parque. La bruma se disipa rápidamente, el vapor comienza a sentirse. La pareja se besa al ritmo de bocinas y charlas apresuradas. Los corredores se apersonan a sus alrededores. Se levantan. Clara se ríe, aprieta sus pechos contra el cuerpo dorado y delgado de Marcos. Entrelaza sus dedos en el largo cabello negro y rizado, besa su barba y huye del parque, corriendo cruza la calle sin mirar a los lados. Un pesar que se avecina en segundos.
Clara es arrollada por un autobús escolar. Sólo hay un grito. Marcos corre en su ayuda, pero su cuerpo es un estropajo ensangrentado. El llanto fluye a través de los ojos y de los balbuceos y lamentos. El final es abrupto!